No estaba -ni estoy- muy convencida de escribir una nueva entrada sobre Michael Jackson, porque debo admitir que me da pánico que quede como esa horrible carta abierta que leí hace un tiempo, esa que Cristian Warnken le escribió a Víctor Jara diciéndole que todos lo matamos. No es lo que quiero, y creo que MJ no está para esas cosas. Sin duda, se merece mucho más.
Pero bueno, intentaré estar a la altura.
Hoy no pude ver en vivo y en directo el funeral de Michael, porque a esa hora estaba repartiendo las (revistas) Bello Público en Medicina, y llegué cuando estaban cantando la última canción (Heal the world, ¿no?). Durante toda la tarde, debí conformarme con las imágenes de las noticias y los comentarios de los pelotudos de la tele -me refiero a los canales chilenos; sé que en E! no abundan los intelectuales, pero por lo menos no son TAN evidentemente cretinos como mis paisanos, que parecen enorgullecerse de cada estupidez que hablan-. Sólo hace un poco más de una hora pude ver la repetición completa. Para esa hora ya había visto mil veces a Paris decir que Michael era el mejor papá del mundo, ya me había metido a twitter a leer los comentarios y por supuesto que la intervención de la hija de Michael era el tema del día. Todos lloraron al escucharla. Yo también.
Pero bueno, intentaré estar a la altura.
Hoy no pude ver en vivo y en directo el funeral de Michael, porque a esa hora estaba repartiendo las (revistas) Bello Público en Medicina, y llegué cuando estaban cantando la última canción (Heal the world, ¿no?). Durante toda la tarde, debí conformarme con las imágenes de las noticias y los comentarios de los pelotudos de la tele -me refiero a los canales chilenos; sé que en E! no abundan los intelectuales, pero por lo menos no son TAN evidentemente cretinos como mis paisanos, que parecen enorgullecerse de cada estupidez que hablan-. Sólo hace un poco más de una hora pude ver la repetición completa. Para esa hora ya había visto mil veces a Paris decir que Michael era el mejor papá del mundo, ya me había metido a twitter a leer los comentarios y por supuesto que la intervención de la hija de Michael era el tema del día. Todos lloraron al escucharla. Yo también.
Bueno, me estoy dando muchas vueltas y creo que Michael tiene muchos mensajes que leer, lo que es bueno, porque sé que son puras muestras de amor. Podría decir "ay, siento tanto su muerte; siempre lo amé, me inspiró..." y un largo etcétera de mentiras. Sí, mentiras, porque nunca fui fan de Michael, porque crecí dándome cuenta de que era muy grande e importante, pero también crecí escuchando que estaba loco y que era negro pero no le gustaba, así que se operó para ser blanco. Lo que sí es cierto, es que la intriga sobre las operaciones de cambio de color me acompañó durante toda mi infancia. Creo que mi primer recuerdo sobre Michael se sitúa en 1995, cuando sacó HIStory, y la Naty (mi vecina, hija de mis padrinos) se lo compró, obvio, porque era y sigue siendo súper fanática de MJ, y como es de esperar, está verdaderamente mal por su muerte. Recuerdo que mi abuela me dijo "la Naty es fanática de Michael Jackson", y me atrevería a decir que pese a mis escasos seis años, esa no era la primera vez que escuchaba el nombre de Michael Jackson, aunque lo más probable es que esa haya sido la primera vez, y que a partir de ese momento yo haya empezado a enterarme de la grandeza de ese hombre.
Otro recuerdo de esa época se sitúa en la casa de mi madrina, donde yo sé que vi por primera vez el video de They don't care about us, el de las favelas, y lo amé desde el primer momento, y hasta el día de hoy es mi video favorito de Michael. A lo largo de mi vida hay recuerdos pequeños, pero determinantes. Como esa vez, en el 2001, que estaba mirando o comprando discos -no me acuerdo-, y vi el Invincible, que lo había sacado ese año, en el canasto de ofertas. Fue impactante; todavía no me recupero. Sólo tenía el conocimiento que todo el mundo tiene de la obra de Michael; las canciones más conocidas, los videos que nos han acompañado desde siempre... es decir, no sabía demasiado sobre su creación, pero sí tenía clarísimo que Michael era demasiado importante, y que si un disco suyo estaba en las ofertas, entre esos discos mulas que los de la tienda ofrecen a luca sólo para deshacerse de ellos, la cuestión era seria. Era una falta de respeto a lo que él era, una situación lastimera que él no tenía que vivir.
Para qué seguir con recuerdos. La cosa es que hace poco más de una semana, pasó lo que no me esperaba, lo que nadie se esperaba, y menos ahora que Jackson había anunciado su retorno a los escenarios: Michael se murió. Recibí la noticia en circunstancias que ya relaté, y ahora que lo pienso, bastante me costó asumirla. Sólo al día siguiente, en la noche, viendo sus videos y escuchando sus canciones, caí en la cuenta de que efectivamente, el Rey ya no estaba más.
Me pasé ese fin de semana llorando, de vez en cuando.
Y llego al punto central del asunto: me impresiona lo que me afecta la muerte de Michael, el nudo en la garganta, porque como ya decía, jamás fui su fan ni sentí ese amor gigantesco que sí siento por gente como Jorge González. Pero también resulta que Michael es el Elvis de nuestra generación, es el único y verdadero gran ídolo con el que crecimos. Todos los demás, los Justin Timberlake, las Britney Spears o Backstreet Boys son hijos suyos, porque el que abrió un camino fue Michael; él fue un pionero, él construyó todo lo que los ahora veinteañeros conocemos, con lo que nos criamos. Esos bailes, esas canciones con intervenciones de raperos, la estética, el sonido mismo... el origen está ahí, en Michael Jackson. Tomando en cuenta eso, no cuesta mucho sentirse un poco huérfano, sentir que una parte importante de nuestras vidas se fue junto con la de Michael.
Es decir, todos descansamos en una serie de seguridades que nos permiten dormir tranquilos y desenvolvernos en el mundo: que hay cosas verdaderas, que Dios existe -si es que así lo creemos-, en fin, un montón de cosas. Siento que una de las cosas a las que estábamos acostumbrados era a saber que existía ese tal Michael Jackson, por el que existían muchos imitadores, covers de sus temas, incluso la versión chanta de Luis Miguel, los bailes idem de este último, y por supuesto, sabíamos que existía esta serie de elementos que Jackson instaló en el imaginario popular, o lo que se conoce como cultura pop: los calcetines blancos, el guante, el sombrero, incluso sus movimientos pélvicos que (con todo el respeto que le tengo) dejan a los de Elvis como un juego de niños. Me pregunto si habrá alguien en el mundo que no haya hecho o intentado hacer un moonwalk.
El funeral ya fue, las noticias sobre Michael seguirán por un buen tiempo, en mi Windows Media Player suena Jam, cuyo videoclip tiene el baile de Jackson que más me hipnotiza, y que siempre me saca una sonrisa cuando veo los intentos de Michael Jordan por bailar.
Todos lo han dicho, yo no diré nada nuevo: así hay que recordar o redescubrir a Michael: hay que entenderlo como un tipo influyente, increíble e inimitable, un tipo cuyo mensaje de amor, humanitario e interracial nos debe tocar en lo más profundo, y no sólo para sacarnos unas cuantas lágrimas cuando escuchamos sus canciones, sino para ponernos a trabajar, y así hacer que el mundo sea un lugar mejor. Como él lo quería.
Hasta aquí llego.
Hasta siempre, Michael. El mundo es un poco más triste sin ti, y debo decir que de un tiempo a esta parte me ha dado por pensar que tú no eras de acá. Eras de un tipo distinto, como pocos.
Por ti vamos a cambiar el mundo y hacerlo más bonito. Promesa.
Gracias por haber existido.
Otro recuerdo de esa época se sitúa en la casa de mi madrina, donde yo sé que vi por primera vez el video de They don't care about us, el de las favelas, y lo amé desde el primer momento, y hasta el día de hoy es mi video favorito de Michael. A lo largo de mi vida hay recuerdos pequeños, pero determinantes. Como esa vez, en el 2001, que estaba mirando o comprando discos -no me acuerdo-, y vi el Invincible, que lo había sacado ese año, en el canasto de ofertas. Fue impactante; todavía no me recupero. Sólo tenía el conocimiento que todo el mundo tiene de la obra de Michael; las canciones más conocidas, los videos que nos han acompañado desde siempre... es decir, no sabía demasiado sobre su creación, pero sí tenía clarísimo que Michael era demasiado importante, y que si un disco suyo estaba en las ofertas, entre esos discos mulas que los de la tienda ofrecen a luca sólo para deshacerse de ellos, la cuestión era seria. Era una falta de respeto a lo que él era, una situación lastimera que él no tenía que vivir.
Para qué seguir con recuerdos. La cosa es que hace poco más de una semana, pasó lo que no me esperaba, lo que nadie se esperaba, y menos ahora que Jackson había anunciado su retorno a los escenarios: Michael se murió. Recibí la noticia en circunstancias que ya relaté, y ahora que lo pienso, bastante me costó asumirla. Sólo al día siguiente, en la noche, viendo sus videos y escuchando sus canciones, caí en la cuenta de que efectivamente, el Rey ya no estaba más.
Me pasé ese fin de semana llorando, de vez en cuando.
Y llego al punto central del asunto: me impresiona lo que me afecta la muerte de Michael, el nudo en la garganta, porque como ya decía, jamás fui su fan ni sentí ese amor gigantesco que sí siento por gente como Jorge González. Pero también resulta que Michael es el Elvis de nuestra generación, es el único y verdadero gran ídolo con el que crecimos. Todos los demás, los Justin Timberlake, las Britney Spears o Backstreet Boys son hijos suyos, porque el que abrió un camino fue Michael; él fue un pionero, él construyó todo lo que los ahora veinteañeros conocemos, con lo que nos criamos. Esos bailes, esas canciones con intervenciones de raperos, la estética, el sonido mismo... el origen está ahí, en Michael Jackson. Tomando en cuenta eso, no cuesta mucho sentirse un poco huérfano, sentir que una parte importante de nuestras vidas se fue junto con la de Michael.
Es decir, todos descansamos en una serie de seguridades que nos permiten dormir tranquilos y desenvolvernos en el mundo: que hay cosas verdaderas, que Dios existe -si es que así lo creemos-, en fin, un montón de cosas. Siento que una de las cosas a las que estábamos acostumbrados era a saber que existía ese tal Michael Jackson, por el que existían muchos imitadores, covers de sus temas, incluso la versión chanta de Luis Miguel, los bailes idem de este último, y por supuesto, sabíamos que existía esta serie de elementos que Jackson instaló en el imaginario popular, o lo que se conoce como cultura pop: los calcetines blancos, el guante, el sombrero, incluso sus movimientos pélvicos que (con todo el respeto que le tengo) dejan a los de Elvis como un juego de niños. Me pregunto si habrá alguien en el mundo que no haya hecho o intentado hacer un moonwalk.
El funeral ya fue, las noticias sobre Michael seguirán por un buen tiempo, en mi Windows Media Player suena Jam, cuyo videoclip tiene el baile de Jackson que más me hipnotiza, y que siempre me saca una sonrisa cuando veo los intentos de Michael Jordan por bailar.
Todos lo han dicho, yo no diré nada nuevo: así hay que recordar o redescubrir a Michael: hay que entenderlo como un tipo influyente, increíble e inimitable, un tipo cuyo mensaje de amor, humanitario e interracial nos debe tocar en lo más profundo, y no sólo para sacarnos unas cuantas lágrimas cuando escuchamos sus canciones, sino para ponernos a trabajar, y así hacer que el mundo sea un lugar mejor. Como él lo quería.
Hasta aquí llego.
Hasta siempre, Michael. El mundo es un poco más triste sin ti, y debo decir que de un tiempo a esta parte me ha dado por pensar que tú no eras de acá. Eras de un tipo distinto, como pocos.
Por ti vamos a cambiar el mundo y hacerlo más bonito. Promesa.
Gracias por haber existido.




