Estaba haciendo fila en la caja del supermercado. Por alguna razón que desconozco, esta vez apagué el mp3 y me dediqué a escuchar el ruido ambiente.
Tras de mí estaba una tipa de veintitantos años con un niño como de ocho. Saqué unos mini Rolls de uno de esos estantes que hay en las cajas y en ese momento vi que el niñito estaba inquieto, conducta propia de su edad. La galla le decía que estuviera tranquilo y que no se moviera mucho... en fin, lo típico.
Mientras el caballero que me precedía daba su RUT para eso de acumular puntos, escuché que la tipa le decía "pero no ordenís po, no es tu problema que esté todo desordenado".
Ahí entendí todo. El niño estaba acomodando los Snickers, Milky Ways y los Rolls, razón suficiente para ser reprendido por su mamá.
"Bien", pensé. "Desde chicos les enseñan el egoísmo y a no pensar en nada que no sean ellos mismos".
Pensé eso y sentí una profunda lástima y un profundo asco de los adultos y de la sociedad en general perpetúen ese tipo de enseñanzas. Es un hecho pequeño y fugaz, pero da para preguntarnos qué cosas se le enseñan a los niños, a qué preceptos y valores quedan legitimados en la sociedad. Porque cuando la mamá le dice a su hijo que no es su problema que algo esté mal y que no tiene por qué hacer algo para arreglarlo, en el fondo le está diciendo que tiene que ser individualista, que se preocupe de sí mismo y que ignore todo lo demás.
Así, las cosas nunca van a cambiar. Pensé eso y lo lamenté mucho, demasiado.
Vamos a saltarnos los detalles obvios, porque está claro que lo que aquí nos convoca es hablar de Michael y su última película (a menos que en unos años más se lance otra, hecha con material inédito de no sé dónde, con horas de ensayo de Thriller o Bad o algo por el estilo). ¿Cómo empezar a describirla? Lo primero sería decir que es HEAVY. Es brígida. Es una película de emociones extremas. Es para "bailar y llorar", como decían los fomeques de los Teleradio Horrorosos. Uno va a verla y siente de todo, y pasa de todo: es para emocionarse, impresionarse, incluso para alegrarse de que la humanidad haya sido premiada con un integrante tan ilustre, maravilloso y sobrenaturalmente bueno como Michael Jackson.
Pero volvamos un poco atrás, al antes de ver This is it. Las expectativas eran altas, y podían dividirse en dos grandes grupos, que son:
1.- La puesta en escena y calidad del show. Obvio. Después del apoteósico HIStory Tour, donde Michael tiró toda la carne a la parrilla y nuevamente se superó a sí mismo en términos de parafernalia y bacanidad (recuerden el Dangerous World Tour; eran los medios conciertos), sus apariciones en otros espectáculos fueron esporádicas y de invitado, no más. Después del HIStory Tour no hubo otra mega gira y tampoco la habrá, porque esa iba a serThis is it.
Pues bien. Resulta que uno va a ver la película para ver cómo iban a ser los conciertos que traerían de vuelta a Michael, la tecnología y todo eso. Y se lucen. Todo iba a ser tan bacán que el hecho de que This is itnunca vaya a hacerse contribuye a que nos deprimamos mucho más porque Michael se murió.
Más detalles: los bailarines, secos. Los músicos también. A mí me encantó la guitarrista, esa rubia que en el funeral de Michael cantó Heal the World y otras que no recuerdo. La tipa es muy buena, o sea, para hacer solos como el de Beat italgo debe tener. También me encantó la otra comadre, una corista que también era buenísima y cantaba bacán. Ella canta con Michael I just can't stop loving you y les sale precioso, además de que aportan uno de los momentos más chistosos de la película.
Más de más detalles: notable Smooth Criminal, Earth Song... y nombraré Black or White porque está en el lugar número 1 de mi top 3 de canciones favoritas de toda la vida (el 2 lo tiene They don't care about us, y el 3 es de Man in the Mirror). Fue increíble cuando cantó ese tema, con todo el viento y la parte del rap, y cuando con la Ró hicimos el gesto del videoclip en la parte que dice I'm not gonna spend my life being a color. Black or White fue, por lejos, el tema que más canté y que canté más fuerte, el que más disfruté. Se sintió como volver a los 90, ergo, a una época bacán.
2.- Michael Jackson. Este punto se refiere a su estado físico, o dicho de otra manera, si el deterioro de su cara y su inquietante delgadez habían hecho mella en su voz o su capacidad de bailar. Y sobre dicho punto sólo se puede responder que... PAMPLINAS. Nada que ver. Michael podía tener la cara muy destruida, pero su voz seguía siendo la misma hermosa, melodiosa y conmovedora de siempre. O sea, quién sabe cuántas cirugías no afectaron su oído absoluto. Para quien no sabe, el oído absoluto (también llamado "perfecto") es la capacidad de identificar o producir cualquier nota sin necesidad de una nota de referencia. En Estados Unidos, 1 de cada 10 mil personas lo tiene, y Michael era uno de ellos. Hasta para eso era un bacán.
Sobre su "flacura", hay que decir que hay planos donde se ve brígidamente flaco... ok, siempre lo fue, pero en This is it hay partes donde se ve demasiado, pero demasiado flaco y realmente incomoda un poco. Un poco harto. Sus bailes son otro tema. Son los que siempre fueron y los que se quedaron en nuestra memoria. Michael tenía solo 50 años, seguía siendo joven y ágil, seguía teniendo el aguante para hacer las coreografías que, cuando veíamos sus videoclips o conciertos, nos dejaban sin aliento. Claramente, todavía lo siguen haciendo. Qué onda el tipo seco, tan pero tan bueno.
Siguendo con el desglose de This is it, quisiera decir que harta gente me preguntó qué onda con lo afectivo, es decir, si la película consigue momentos conmovedores. Hay otras personas que me han preguntado si lloré, y yo he respondido "¿Qué? ¿Llorar? Están locos", al tiempo que pienso "Hey, es Michael Jackson, es THIS IS IT, una película que incluye Man in the Mirror!" O sea, ¿cómo no emocionarse? ¿Qué clase de cubo de hielo no lo haría? Yo, que soy tan buena para emocionarme con Michael y con todo lo que tenga que ver con el discurso pacifista de "somos todos hermanos, tenemos que amarnos y cambiar el mundo", por supuesto que me convertí en todo lo que es una Magdalena.
Dato freak: mi llanterío empezó con I'll be there, donde la Ró me dijo "pero tranquiiila" y yo le respondí entre sollozos "es que estoy feliz". Heavy. En Earth Song me contuve un poco, pero cuando empezó Man in the Mirror, y después Heal the world, fue como si me hubieran puesto frente a 550 mil cebollas, porque no podía parar y sentía miles de cosas que me superaban. Ahí se produjo un momento tragicómico, del que posteriormente con la Ró nos reímos por mucho rato: ella se dio cuenta de que yo lloraba como cabra chica mientras sonaba Heal the World, y yo le dije: "me importa una huea que sea la copia de We are the world", haciendo alusión a una de las críticas que hace Rolling Stone a Dangerous. Pero yo no estoy ni ahí. Si quieren, busquen la letra de Heal the World , y es tan hermosa que da lo mismo que se parezca a una canción anterior. Cuántas canciones que hablan de fraternidad se han escrito, y el mundo sigue igual. Así que mientras más se hagan, mejor. Michael aportó unas cuantas, y de las más potentes.
Pero no se trata de llorar por llorar. Sí, son canciones bonitas y muy conmovedoras, pero la mezcla de sentimientos que surge en esos momentos es difícil de describir, porque son muchas cosas. Por un lado está la alegría de que haya existido alguien tanbacán, pero también está la emoción que producen palabras tan bonitas y esperanzadoras, y todo esto se suma a la pena porque se murió Michael y con él también muere la posibilidad de seguir expandiendo su mensaje, de seguir concientizando y haciéndonos pensar que tenemos que puro olvidar la segregación y las diferencias y vivir juntos como hermanos. Sé que hay cierta canción religiosa que dice eso, pero la similitud es solo casualidad. Lo digo muy en serio.
Por último, queda hablar de lo narrativo. En esta parte, recordé que alguna vez estudié cine, y algo aprendí, o eso me gusta decir. La cosa es que viendo This is it se me vinieron a la mente todas las clases de Cine Documental, donde hablaban de la estructura y todo eso... y justamente, eso es donde a mi juicio, This is it se cae, y se cae feo. Parte como todo documental, y está bien, uno se da cuenta (y sabía a priori) que es una seguidilla de ensayos, partes chistosas, partes emocionantes, etc... pero de ahí viene una falsa alarma de final, otras cuestiones, y de ahí el verdadero final, que es tan abrupto que llega a frustrar. De verdad, llega a doler un poco de que los montajistas o Kenny Ortega nos hagan esto: POR QUÉ, EN UNA DE LAS CANCIONES MÁS BONITAS! ¿Por qué así? Da la sensación de estar hecho a la rápida, y eso, Michael y su legado NO SE LO MERECEN.
Lo inexplicable es que de 300 horas de material hayan dejado sólo 1 hora y media. Qué le pasa a Kenny Ortega; parece que tanto musical adolescente le hizo mal. Eso sí que no me gustó para nada; la película tenía que durar por lo menos dos horas y media. Ya quedó claro que material había.
En fin. Los dos párrafos anteriores retratan lo malo y lo feo de todo este cuento, de esa medianoche del 27 de octubre que, como dice Michael en Black or White, ocurrió un milagro. Algo tan simple como agradecer por haber conocido a un tipo así y tener la posibilidad de verlo otra vez.
Lo malo no significa que no vean la película; si aún hay tiempo vayan! Es fuerte, hermosa y constituye un acontecimiento único: la última vez que veremos a Michael hablando de sus ideas, bailando, cantando y siendo él mismo... el que tanto queremos.
Antes de empezar a comentar el delirio previo a verTHIS IS IT y de relatar el impacto emocional que produce, es preciso contar un detalle muy importante: tuve la oportunidad de verla en el preestreno mundial. Sí, como leen. Compré la entrada el 30 de septiembre, es decir, casi un mes antes, y durante todo ese tiempo la tuve bien guardada, y de repente la sacaba para mirarla y decir "se viene, se viene". Sin embargo, no fui consciente de lo que se venía hasta pocas horas antes del GRAN momento.
Resulta que el big día fue este martes 27 de octubre. THIS IS IT sería programada a la medianoche, por eso, quienes estuviéramos ahí seríamos los primeros chilenos en ver la película póstuma del querido Michael. Nosotros y quienes estuvieran en otras salas y en otros cines, se entiende. La cosa es que el dichoso preestreno sería el 27 a la medianoche, porque el estreno era el 28. La cosa número dos es eso: la vimos de los primeros, punto. Somos bacanes.
Ese día me junté con la Ró en Providencia, y después de comer, partimos al Hoyts de La Reina. Eran como las 21:00 horas. Apenas nos subimos al metro, cachamos que en el vagón estaban dando el video de Rock with you, que por supuesto cantamos. También vimos The way you make me feel. Nos equivocamos en esa cuestión de las rutas, así que nos bajamos y en el andén estaban dando el video de Black or White, que vimos entero y fue demasiado emocionante y muy ad hoc para lo que pasaría en 3 horas más. Lo cantamos, imitamos los gestos de Michael y apenas terminó, salimos corriendo rumbo al cine.
Apenas llegamos, vimos que el ambiente Michael Jackson ya se respiraba hacía rato. Había gente vestida como él (los niños se llevan todos los aplausos, especialmente ese que tenía la chaqueta estilo Thriller), gente sacándose fotos con el afiche de la película y gente poniendo videos. No nos quedamos a mirar qué pasaba y fuimos a la sala 15, donde veríamos el documental.
Lo primero que encontramos afuera de la sala fue una fila de 8 personas. Ninguno estaba vestido a lo MJ, pero sí uno de esos cabros estaba escuchando Remember the Time. Luego puso un mix, y después Billie Jean. Había otra fila frente a la sala 11, donde sonaba Give in to me. Y eso es lo que pasó durante mucho rato: las canciones se alternaban y la cosa se convirtió en un desfile de dobles de MJ.
Nos sentamos en el suelo con la intención de hacer un twitcam con la espera, pero no hubo caso con el wifi (nos dijeron que no hay, pero yo no les creo nada; cómo un cine tan pro no va a tener, seguro somos tontos!). Pero su wifi denegado no nos dejó con las ganas de transmitir, ya que dejamos todo guardado en el notebook de la Ró y posteriormente lo subimos a YouTube.
En la primera parte de la "totwitcam" transmitimos desde la fila, mostramos el ambiente y comentamos Dangerous, nuestro disco favorito de Michael. Miren, aquí está. Véanlo muchas veces y comenten... debatamos!:
Después de eso, la Ró bajó al primer piso en busca de wifi para subir la primera parte a YouTube. Yo me quedé en la fila esperándola, hasta que decidí bajar también y explorar un poco. Me encontré a la Ró en un rellano, probando el wifi con escaso éxito. Seguí bajando al vestíbulo y vi el ambiente muy prendido, con niñas vestidas como Michael y los videoclips a todo volumen.
Cuando bajé estaba Blood on the Dancefloor, una de mis canciones favoritas, cuyo video también amo, porque Michael aparece vestido de rojo y baila con una comadre (que vendría siendo Susie, obvio) y se agarra de sus pantorrillas cuando ella se sube a bailar a una mesa. Después las chicas pusieron Who is it, otro temón que precisamente viene en Dangerous , ese disco que no me canso de decir que adoro, y no me importan las críticas que reciba, filo, yo lo amo igual porque ahí vienen las primeras canciones de MJ que conocí y porque tiene el sonido que más me encanta.
Mientras todavía sonaba Who is it, la Ró bajó también y nos instalamos a hacer la segunda parte del "totwitcam". Estaba empezando el exquisito video de In the closet (aguante Dangerous, insisto); íbamos a limitarnos a conversar entre nosotras, pero el ambiente mismo y la buena onda del público improvisado quisieron otra cosa. Chequéenlo:
Después de eso volvimos a la fila en el tercer piso. Faltaba poquísimo para entrar.
No más detalles, el resto se deduce fácilmente: los nervios por entrar luego, los nervios y la expectativa al entrar en la sala, lac onversación previa, las advertencias de que no grabemos nada y las amenazas de parar la película si alguien intentaba piratear. Los minutos que se demoraban años en pasar, las luces que no se apagaban y que cuando se apagaron me pusieron los pelos de punta. A todos, creo. Ya venía la medianoche, y algo realmente grande iba a pasar.
En el gobierno están desesperados. Y no sólo son ellos: son los señores poderosos y los adultos en general los que ven con preocupación que la presencia juvenil en las urnas es cada vez más escasa. El “envejecimiento del electorado” se remonta a 1988, cuando se reabrieron los registros electorales para las elecciones que llevaron a Patricio Aylwin a La Moneda. Desde esa fecha, el fenómeno se ha acrecentado de tal manera que en 2008 la base de datos del Servicio Electoral (SERVEL) revelaba la cifra de sólo 1.213.521 inscritos considerados “jóvenes” (es decir, entre 18 y 34 años).
Con un panorama así, se puede entender la histeria de los políticos. Cómo no se van a desesperar, si el plazo para inscribirse vence el próximo 13 de septiembre* y el potencial electorado no tiene ganas de cumplir con su “deber ciudadano”, porque éste no les da esperanzas. En política la esperanza es clave, porque mantiene a la gente interesada en hacerse cargo de su propio destino, la mantiene creyendo que se puede hacer algo. Sin esperanza no hay votantes que perpetúen a los políticos en sus cargos, y eso los preocupa tanto. Elección tras elección ensayan nuevos métodos y la cosa no funciona: definitivamente, no saben qué hacer para “encantar” a la población sub 35.
Dicen que la necesidad es la madre de todos los inventos, y esta vez no fue la excepción. La nueva genial idea de los mayores es "Yo tengo poder, yo voto", una campaña entre cuyos rostros está la actriz Fernanda Urrejola, quien aparece con una imagen de mujer seria y decidida que la aleja totalmente de sus destapados papeles en las teleseries nacionales. La iniciativa viene del gobierno, que mediante la gestión del Instituto Nacional de la Juventud pretende convencer a la juventud de lo importante que es votar. Podría decirse que les ha resultado, porque según declaró Juan Ignacio García -director del SERVEL- en lo que va del año se han registrado 100 mil nuevos inscritos.
Más allá de la campaña en sí, lo más importante es preguntarnos sobre el porqué de votar. ¿Hacerle una raya a la papeleta y después seguir con nuestras individualistas vidas nos hará mejores? ¿Gane quien gane, las cosas realmentevan a cambiar? “Yo tengo poder, yo voto” sólo funciona si somos tan ingenuos como para creer que con votar estamos mejorando el país. ¿Es suficiente? No, por supuesto que no. Si decidimos inscribirnos en los registros electorales –mala noticia- ya no podemos echar pie atrás. Lo que nos queda es asumir el deber con hidalguía: ir, hacer la rayita y ser unos buenos niños. Pero si pensamos que con eso basta, estamos muy equivocados.
Si los nuevos inscritos en los registros deben su decisión a esta campaña y se creen muy buena gente por haber dado “el gran paso”, demuestran una visión tan mediocre que estremece. Que quede claro: sin la determinación de ser mejores personas y –sobre todo- sin una acción constante que acompañe las buenas intenciones, el voto queda en nada. Gane quien gane las cosas no serán distintas, sobre todo si nosotros no estamos pendientes de lo que nuestros futuros presidentes hagan. Nos incumbe, ¡debemos entrometernos!
Queda poco tiempo, lo sabemos. Jóvenes y jovencitas: si quieren inscribirse, háganlo, allá ustedes. Voten como quieran, pero no olviden que eso de “la historia es nuestra y la hacen los pueblos” es más que una frasecita de camiseta. La idea –con o sin elecciones de por medio- es ser capaces de hacer, de participar. Por otro lado, si están orgullosos de ser votantes pero no quieren mover un dedo por alguien que no sea ustedes mismos... bien también. Ojalá no nos estorben cuando llegue la hora de torcerle la mano al destino.
Hoy, como todos los días, desperté pensando en una canción. despierto con la sensación de que estuve soñando con ella, tarareándola por horas, mientras debería estar completamente dormida.
El tema de hoy fue un tremendo hit, una canción que me encanta (no siempre los temitas mañaneros me gustan): se trata de La cosa más bella, de Eros Ramazzotti. Aquí claramente el inconsciente está operando, ya que hace unos días vi varias veces el video, cortesía de VH1 (cultura pop). Resulta que desperté pensando en La cosa más bella, una canción de 1998, cuya letra siempre me ha intrigado y ha generado una interesante cantidad de debates sobre su letra. Porque hay grandes misterios musicales que no comprendemos, y mucho antes que el éxito (?) "yo sólo quiero volver a tenerte cerca / tan cerca como pueda / sólo quiero olvidarte", de Kel, existía esta otra canción que encerraba misterios aún mayores. Ayer, con Javier (Sáez) intercambiamos tweeteos sobre esa intriga, sin llegar a grandes conclusiones: ¿lo tomas o lo dejas? ¿quién te entiende, mujer?
Veamos. La canción dice: "...ni como llegaste a ser la mujer que toda la vida pedí...". Hasta ahí muy bonito, romántico. Si un chiquillo me cantara eso, lo dejo todo por él. No, mentira... pero me agradaría, sería bacán. Sin embargo, la cosa no termina aquí. El verso que sigue es: "...contigo hace falta pasión...".
A ver, esperen: esta es una canción de amor. Se supone que la tipa es lo máximo... ¿contigo hace falta pasión? ¿QUÉ ES ESO? Vuelvo a la imagen de mí misma escuchando este tema, dedicado por un guachón super sensible... llegando a este punto, tomo mis cosas y me largo. ¿Y qué, después dice que aparte de pasión falta "un toque de poesía"? Ah, no. Esto es demasiado. Si yo tuviera una amiga a quien le dijeran eso, le aconsejaría que deje a ese pelmazo. Hasta nunca.
Ese es el verso misterioso que a mí y a mis amigos nos tuvo intrigados durante años. Pasamos nuestra infancia y adolescencia cantando esa canción en cuanta fogata o carrete hubiera. Cuántas veces la puse en mi mp3 con cierta cuota de vergüenza de que alguien se diera cuenta de que estaba escuchando a ese italiano medio decadente (¿sí? ¿no? es discutible). Así como escondo mis canciones de Paolo Meneguzzi, tener a ER9S en mi pc (así le decimos con Javier... Bertossi) no me hacía sentir muy orgullosa. Fueron muchos años de pensar cómo en una canción tan romántica, y todo amor y todo súper lindo, Eros osaba decirle a la chiquilla que le falta pasión y poesía. Raro. Y feo, bien feo. Pero sobre todo, repito, raro; después de esos versos nefastos la canción sigue muy bien, y que no habrá cosa más linda que tú, etcétera.
Pero hoy se me ocurrió algo que no había pensado antes: ella no tiene el problema, sino que ¡es el mismísimo Eros! Parece obvio, pero no lo es tanto: amparado en la ambigüedad, el hombre nos hacía pensar que la fría y fome era ella, pero no. Era él, y de eso habla la canción: de que ella es tan bacán que él tiene que esforzarse mucho para estar a la altura. Y nosotros, la tropa de cretinos, nos pasamos casi una década sin entender. No era toda nuestra culpa; hay que reconocer que esos versos eran ambiguos y se prestaban para malentendidos. Pero lo que sigue igual es bonito, para qué negarlo: "...cosa más bella que tú / cosa más linda que tú / única como eres / inmensa cuando quieres..." y el remate, de antología: "gracias por existir".
Listo, un misterio menos. Ahora, ¿de qué diablos habla Kel? Habrá que preguntarle a Gonza Yañez, el autor de Tenerte Cerca. Porque ustedes saben, estimados lectores, que ella no compone nada.
De nuevo estoy por aquí. Sí, escribo una vez al mes, pero no creo que alguna vez abandone el blog. Falta tiempo y a veces da lata, o da vergüenza, o no sé bien qué decir, porque sé que hay gente que entra a esta cuestión y que pese a no comentar, lee mis textos. Hermanos peruanos, gente desconocida, y los amigos, por supuesto. A raíz de sus lecturas de mi blog, por ejemplo, Javier adoptó la costumbre de preguntarme si realmente lloro cuando digo que lloro, y me pregunta por qué, y yo quisiera salir corriendo pero le digo que obvio que sí, que para qué voy a decir algo que no es verdad. He visto como hay personas que mintiendo mucho quedan como bacanes y son super exitosas. Sin querer jactarme de mi transparencia, puedo decir que yo no miento para que crean que soy bacán; simplemente no me resulta, no me dan ganas, no me parece que esté bien. Probablemente por eso me va mal.
Siempre estoy pensando en miles de cosas. Pienso en los textos que leo, en cosas cotidianas, en fin, en cuestiones que no quiero enumerar. Pienso que es raro todo. Y es fuerte, y cuesta.
Ahora escucho música, más o menos lo de siempre. Empezó Ya no te espero y sólo eso bastó para acordarme de cuando yo creía estar tan enamorada, cuando pensaba que por fin mi suerte había cambiado, que me había resultado y que íbamos a ser felices. De hecho, no "creía estar", sino que lo estaba. Es la única conclusión que pude sacar después de no pocos análisis. Ya no hablo de eso porque está superado, mas no olvidado. Los recuerdos no se borran con corrector, eso está claro. A veces, y sobre todo cuando escribo aquí, me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que deje de sentirme perseguida u observada, o por qué cuando escribo algo como esto siento tamaño cargo de conciencia. Me doy cuenta de las veces que me he hecho preguntas o sencillamente he querido decir algo y me he autocensurado, faltando al pricipio de "este es mi espacio y yo escribo lo que se me antoja". Ya no importa, es algo que ya fue.
Me pasa que quisiera hacer un montón de cosas, pero al mismo tiempo siento que no tengo fuerzas para nada. Me gustaría estudiar para la ayudantía, compartir con mis amigos, salir a caminar, reencontrarme con gente que no veo hace tiempo, qué sé yo, tantas cosas. A veces me dan impulsos que me ayudan a hacer algunas de las cosas que mencioné, pero se me pasa rápido y termino agotada, y es como si tuviera que descansar mucho para volverlo a intentar. Pero sé (o creo) que la energía está dentro de mí, y que puedo sacarla cuando quiera, como lo he hecho tantas otras veces. Pero me cuesta. Es como que algo me amarrara a estar en mi casa, segura y sola, que es lo más importante. Siento tantas ganas de no ver a nadie como de sentir que alguien está conmigo. Las siento en igual medida y no sé qué escoger. La mayoría de las veces no quiero estar con nadie, y estoy a la defensiva, y no aguanto nada, soy ruda y nadie entiende por qué. Creo que es mi manera de decir "hey, respétame", porque hay actitudes y comentarios que no soporto y hay personas realmente desubicadas. Si sigo así lo más probable es que logre este inexplicable objetivo y me quede cada vez más sola.
No estaba -ni estoy- muy convencida de escribir una nueva entrada sobre Michael Jackson, porque debo admitir que me da pánico que quede como esa horrible carta abierta que leí hace un tiempo, esa que Cristian Warnken le escribió a Víctor Jara diciéndole que todos lo matamos. No es lo que quiero, y creo que MJ no está para esas cosas. Sin duda, se merece mucho más. Pero bueno, intentaré estar a la altura. Hoy no pude ver en vivo y en directo el funeral de Michael, porque a esa hora estaba repartiendo las (revistas) Bello Público en Medicina, y llegué cuando estaban cantando la última canción (Heal the world, ¿no?). Durante toda la tarde, debí conformarme con las imágenes de las noticias y los comentarios de los pelotudos de la tele -me refiero a los canales chilenos; sé que en E! no abundan los intelectuales, pero por lo menos no son TAN evidentemente cretinos como mis paisanos, que parecen enorgullecerse de cada estupidez que hablan-. Sólo hace un poco más de una hora pude ver la repetición completa. Para esa hora ya había visto mil veces a Paris decir que Michael era el mejor papá del mundo, ya me había metido a twitter a leer los comentarios y por supuesto que la intervención de la hija de Michael era el tema del día. Todos lloraron al escucharla. Yo también.
Bueno, me estoy dando muchas vueltas y creo que Michael tiene muchos mensajes que leer, lo que es bueno, porque sé que son puras muestras de amor. Podría decir "ay, siento tanto su muerte; siempre lo amé, me inspiró..." y un largo etcétera de mentiras. Sí, mentiras, porque nunca fui fan de Michael, porque crecí dándome cuenta de que era muy grande e importante, pero también crecí escuchando que estaba loco y que era negro pero no le gustaba, así que se operó para ser blanco. Lo que sí es cierto, es que la intriga sobre las operaciones de cambio de color me acompañó durante toda mi infancia. Creo que mi primer recuerdo sobre Michael se sitúa en 1995, cuando sacó HIStory, y la Naty (mi vecina, hija de mis padrinos) se lo compró, obvio, porque era y sigue siendo súper fanática de MJ, y como es de esperar, está verdaderamente mal por su muerte. Recuerdo que mi abuela me dijo "la Naty es fanática de Michael Jackson", y me atrevería a decir que pese a mis escasos seis años, esa no era la primera vez que escuchaba el nombre de Michael Jackson, aunque lo más probable es que esa haya sido la primera vez, y que a partir de ese momento yo haya empezado a enterarme de la grandeza de ese hombre.
Otro recuerdo de esa época se sitúa en la casa de mi madrina, donde yo sé que vi por primera vez el video de They don't care about us, el de las favelas, y lo amé desde el primer momento, y hasta el día de hoy es mi video favorito de Michael. A lo largo de mi vida hay recuerdos pequeños, pero determinantes. Como esa vez, en el 2001, que estaba mirando o comprando discos -no me acuerdo-, y vi el Invincible, que lo había sacado ese año, en el canasto de ofertas. Fue impactante; todavía no me recupero. Sólo tenía el conocimiento que todo el mundo tiene de la obra de Michael; las canciones más conocidas, los videos que nos han acompañado desde siempre... es decir, no sabía demasiado sobre su creación, pero sí tenía clarísimo que Michael era demasiado importante, y que si un disco suyo estaba en las ofertas, entre esos discos mulas que los de la tienda ofrecen a luca sólo para deshacerse de ellos, la cuestión era seria. Era una falta de respeto a lo que él era, una situación lastimera que él no tenía que vivir.
Para qué seguir con recuerdos. La cosa es que hace poco más de una semana, pasó lo que no me esperaba, lo que nadie se esperaba, y menos ahora que Jackson había anunciado su retorno a los escenarios: Michael se murió. Recibí la noticia en circunstancias que ya relaté, y ahora que lo pienso, bastante me costó asumirla. Sólo al día siguiente, en la noche, viendo sus videos y escuchando sus canciones, caí en la cuenta de que efectivamente, el Rey ya no estaba más.
Me pasé ese fin de semana llorando, de vez en cuando.
Y llego al punto central del asunto: me impresiona lo que me afecta la muerte de Michael, el nudo en la garganta, porque como ya decía, jamás fui su fan ni sentí ese amor gigantesco que sí siento por gente como Jorge González. Pero también resulta que Michael es el Elvis de nuestra generación, es el único y verdadero gran ídolo con el que crecimos. Todos los demás, los Justin Timberlake, las Britney Spears o Backstreet Boys son hijos suyos, porque el que abrió un camino fue Michael; él fue un pionero, él construyó todo lo que los ahora veinteañeros conocemos, con lo que nos criamos. Esos bailes, esas canciones con intervenciones de raperos, la estética, el sonido mismo... el origen está ahí, en Michael Jackson. Tomando en cuenta eso, no cuesta mucho sentirse un poco huérfano, sentir que una parte importante de nuestras vidas se fue junto con la de Michael.
Es decir, todos descansamos en una serie de seguridades que nos permiten dormir tranquilos y desenvolvernos en el mundo: que hay cosas verdaderas, que Dios existe -si es que así lo creemos-, en fin, un montón de cosas. Siento que una de las cosas a las que estábamos acostumbrados era a saber que existía ese tal Michael Jackson, por el que existían muchos imitadores, covers de sus temas, incluso la versión chanta de Luis Miguel, los bailes idem de este último, y por supuesto, sabíamos que existía esta serie de elementos que Jackson instaló en el imaginario popular, o lo que se conoce como cultura pop: los calcetines blancos, el guante, el sombrero, incluso sus movimientos pélvicos que (con todo el respeto que le tengo) dejan a los de Elvis como un juego de niños. Me pregunto si habrá alguien en el mundo que no haya hecho o intentado hacer un moonwalk.
El funeral ya fue, las noticias sobre Michael seguirán por un buen tiempo, en mi Windows Media Player suena Jam, cuyo videoclip tiene el baile de Jackson que más me hipnotiza, y que siempre me saca una sonrisa cuando veo los intentos de Michael Jordan por bailar.
Todos lo han dicho, yo no diré nada nuevo: así hay que recordar o redescubrir a Michael: hay que entenderlo como un tipo influyente, increíble e inimitable, un tipo cuyo mensaje de amor, humanitario e interracial nos debe tocar en lo más profundo, y no sólo para sacarnos unas cuantas lágrimas cuando escuchamos sus canciones, sino para ponernos a trabajar, y así hacer que el mundo sea un lugar mejor. Como él lo quería.
Hasta aquí llego. Hasta siempre, Michael. El mundo es un poco más triste sin ti, y debo decir que de un tiempo a esta parte me ha dado por pensar que tú no eras de acá. Eras de un tipo distinto, como pocos. Por ti vamos a cambiar el mundo y hacerlo más bonito. Promesa.
Llevo un nombre que odio: Pía, que viene del latín "Piedad" y significa "la piadosa". Esto me ayuda a aceptarlo un poco más, pero aún así no me agrada demasiado. Tengo muchos apodos, pero sigo siendo, simplemente, la Pía. A veces niña modelo, a veces un dolor de cabeza para los adultos.
Tengo 20 años. Estudio Periodismo en la Universidad de Chile.
Creo que soy un tanto torpe.
La gente me encuentra alegre; yo opino lo contrario. Bueno, ni tanto. Me doy cuenta de que tengo un poco de todas las formas de ser habidas y por haber, y éstas simplemente afloran, según las circunstancias. Por esto me cuesta autodefinirme. No es fácil hablar de mí.
¿Busco algo?
No sé.
¿Busco a alguien?
Tampoco. Estoy esperando a que llegue, pero mi paciencia empieza a acabarse.